Al fin me pude detener un rato a mirar a mí alrededor y me enamore de la piel y todo lo que ella significa. La piel es el límite entre el cuerpo y los objetos exteriores, entre el “yo” y los demás; la piel es además uno de los sentidos que más fácilmente logran que el cuerpo genere respuestas. La piel es donde empieza el yo, pero a la vez es donde termina y mientras me concentro en todo lo que la piel y los límites significan tratando de generar una gran teoría al respecto (como hago con todo lo que pasa por mi cabeza) me doy cuenta que por más de estos límites que haya con los pensamientos no hay nada que los limite sino el mismo “yo”. ¿Dónde están los pensamientos? ¿Son simples voces en la cabeza, imágenes, palabras? No sé. En el detenimiento le he encontrado algo fascinante a los pensamientos: que verdaderamente no están en ninguna parte y así nadie más que yo puedo saber lo que hay dentro de mi cabeza; sin embargo, con los pensamientos y las ideas pasa algo que no se puede hacer con ninguna otra parte del cuerpo -creo, o por lo menos no sin morir en el intento- y es que los puedo sacar y mostrar a los demás tal y como se me presentan adentro… yo sola, sin necesidad de un médico que me abra una herida con un bisturí… y esto me encanta. Encontré, además, que es lo que más me gusta porque toda mi vida llevo hablando con tal desparpajo, dentro de mi necesidad por la rapidez y el afán, que nunca me había dado cuenta el poder que tienen las palabras que salen de mi boca, pues estoy así mostrando una parte de mi, de mi ser, de todo aquello que la piel cubre.
28
Nov
07
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