14
Nov
07

Vómito de pensamientos, honestidad violenta

    Ojos abiertos, mente cerrada. ¿O es al revés? Ya ni sé que pensar; las horas pasan, los minutos también… ¿a qué horas se hizo tan tarde? De vez en cuando me entra una angustia existencial, tal vez un estado de esquizofrenia furioso y violento en el que no sé qué hago, qué ha pasado con mi vida y hasta pierdo el sentido de a dónde voy, algo así como un confusión total y enajenación completa. Se cierra la garganta lentamente, dejándome cada vez con menos aire. La rabia empieza a subir a la cabeza de manera cada vez más acelerada; pero cuando llega a su límite siento que la mente se despega del cuerpo para así caer en un estado de ira profundo. Trato de gritar, pero la garganta sigue cerrada y la voz no quiere salir, de pronto tiene miedo de las consecuencias, de lo que de ella pueda salir. Frente a un grito mudo de completa desesperación, las manos se cierran y aprietan con fuerza, los dientes crujen y las lágrimas empiezan a salir de manera incontrolable. En este viaje en el que trato de abrir los ojos y la mente, andar a paso lento o simplemente sentarse a mirar, traen consecuencias como el estado en el que me encuentro ahora. Entonces me pregunto, ¿qué pasa en mí? Al parecer enfrentarme a mis ideas me aterroriza y me lleva a un estado de alienación con tal de evadir lo que pasa en mi cabeza. Sin embargo, creo que llegó el momento de dar rienda suelta a lo que hay por dentro. Una vez puesto en ‘papel’ los sentidos se normalizan, la ira baja y nuevamente puedo respirar profundamente. De ahora en adelante hay que tomar un viaje hacia mis adentros, escudriñar en la cabeza y afrontar las cosas. Hay que limpiar, levantar la mirada y fijar un nuevo rumbo. Este viaje se trata de abrir, renovar y encontrar un paso más lento para así realmente darme cuenta de los que pasa alrededor. Hay que tornarse más esquizofrénico, alucinar un poco más para abrir la mente y ver las cosas con otra mirada, para poder mostrar ese mundo propio que hemos creado y enriquecer así el mundo de los demás. Aunque nunca hay que dejarnos ir por completo, siempre es necesario conservar los pies en la tierra.  


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